La dosis de siempre
Cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve horas desde la última dosis, contaba Jen con los dedos. Se había retrasado dos horas de la rutina prescrita pero no importaba, la siguiente se la tomaría antes. Respiró aliviada a la vez que se retiraba el flequillo de los ojos y se tomó la píldora.
Conllevaba cierto peligro olvidar la medicación ya que el objetivo de las mismas era favorecer las conexiones sinápticas y en caso de retrasar la dosis, seguiría olvidándolas con aún más retraso, pudiendo llegar al caso más extremo, en el que el sujeto pudiera no llegar a recordar que tenía una vía oral por la que ingerir tal medicación.
Cogió la última píldora del blíster, y tiró a la papelera el envoltorio en el que ahora era complicado leer Cervax. Suministrada por el Gobierno para todos los "voluntarios escogidos", Cervax constituía el cordón umbilical del sujeto a unas condiciones de vida similares a las de la Tierra. Aún no se sabía por qué las conexiones neuronales se veían afectadas durante las convivencias en la nueva estación espacial. Hay quienes lo atribuían a una falta de vitaminas, otros a la larga exposición ante un nuevo ecosistema antigravitatorio. Unos pocos lo atribuían a desinterés del propio sujeto por seguir viviendo ante una rutina infinita.
Una vez que la pastilla pasó por su garganta, se dio una pequeña sacudida nerviosa. Tenía alarmas por todos los dispositivos que le avisaban de la hora de la dosis, pero esto no significaba que en ese momento pudiera terminar lo que estaba haciendo e ir a por ella (a veces ni siquiera recordaba por qué había puesto una alarma) El huerto no era autosuficiente y sin alimento, las pastillas no tendrían el menor valor para paliar la más que posible inanición.
En sus largos estados de latencia sináptica, pocos minutos después de haber tomado la pastilla, la sustancia se filtraba en la sangre y llegaba hasta los receptores neuronales, llegando estos al pico de mayor actividad. Era una parte complicada. No paraba de realizar pensamientos como si sus neuronas hiper musculadas la macharan a cuestiones vitales directas al hígado.
¿Qué importaba lo que allí estuvieran haciendo? ¿y si estas pastillas se las otorgaran a la gente del planeta? ¿haría falta tener que encontrar un nuevo planeta en el que plantar quinoa? ¿hasta qué punto podría realmente llegar? ¿tendría esto transcendencia? ¿para qué tanta lucha si en algún momento desaparecería? ¿por qué no dejarse llevar y disfrutar como un descerebrado hasta su último suspiro, en paz?
Pero el pico de las dosis se diluía. Y tras recordar que no debía morderse las uñas volvió a su trabajo. Con sus botas manchadas.

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